“… esta historia comenzó hace 34 años, yo tenía 19 años, íbamos de Montevideo a Santiago de Chile en un viaje de fin de temporada del Old Christians Club. El Old Christians es un club de ex-alumnos del Christian Brothers College, un colegio irlandés dirigido por Hermanos Cristianos en donde la religión católica y el rugby sobresalen…”
“…aprovechando la ventanilla trato de disfrutar del paisaje montañoso pero unas nubes me lo impiden, cuando de repente veo tierra por la ventana. Sentir el rugido de los motores y los gritos desesperados de los que íbamos en el avión fue un solo instante, una fracción de segundo. ¡Habíamos chocado! Las alas del avión se desprendieron y la cola se partió volando montaña abajo con parte de los asientos en los que hacia unos minutos me encontraba. El resto del avión se deslizó montaña abajo, deteniendo su marcha por la acumulación de nieve en su trompa...”

“…un día paso por al lado de uno de los que estaba produciendo agua y me cae una gota de sangre por el costado de la mano. Mi compañero me dice que estoy sangrando y yo me paso la mano y me saco la sangre y le digo que no tengo nada. Comento con Roberto Canessa el incidente y éste me revisa y descose la manga del saco que pesaba como tres kilos, era un coágulo enorme, casi como un hígado a
su decir…”


“…esta quizás es la parte de nuestra historia más espectacular para la gente o la prensa en general. No debemos olvidar que los cuerpos que allí estaban eran los de nuestros compañeros, nuestros amigos, nuestros vecinos, conocidos de toda la vida. Pero por arriba del dolor estaba también la ruptura con un tabú y la conciencia que estábamos dejando atrás una civilización para dar comienzo a otra. Una sociedad con sus propias reglas, con sus propios códigos y sus prohibiciones. Esas reglas fueron surgiendo de adentro mismo de nosotros, fueron establecidas y respetadas. Pero cuando alguien en algún momento las infringió, recibió como castigo la sanción moral del grupo, y en esas circunstancias era lo peor que a uno le podía pasar; recibir las desaprobación del resto de nuestro pares...”
“…conscientes que las posibilidades de ser rescatados estaban en la piernas de los expedicionarios, el grupo aportó todo lo necesarios para que estuviéramos en las mejores condiciones físicas posibles. Recibimos doble ración de comida, mejores lugares para dormir (sin embargo preferí seguir en mi lugar habitual), el abrigo que consideráramos más conveniente y fuimos eximidos de realizar tareas para otros obligatorias. En nuestro fuero íntimo, los expedicionarios siempre pensamos que si íbamos a morir, iba a ser caminando, tratando de encontrar una salida del lugar. Por otro lado estábamos totalmente “jugados”, enfrentando peligros inimaginables y dispuestos a afrontar lo que viniera, quizás con cierta inconsciencia pero aportando lo que teníamos: nuestras piernas y nuestro esfuerzo…”
“…comenzamos la escalada, la montaña era enorme, pero la salvación estaba atrás de ella y no considerábamos mucho nuestro problema. Era ese y lo pensábamos superar. Poco a poco, paso a paso, fuimos escalando. El paso a paso es literal ya que teníamos que ir haciendo escalones a medida que subíamos, pateando y pateando varias veces hasta formar una entrante que nos permitiera poner el pie y subir un metro. Con la subida nos fuimos dando cuenta que usar los escalones de un compañero no era buena idea ya que no soportaba el peso y te caías uno o dos metros y de vuelta a empezar. Así que cada uno fue haciendo su propio camino al andar. Pies, manos y un gran esfuerzo a cada paso nos permitió ir tomando perspectiva del valle y del avión…”

“…al llegar el atardecer decidimos meternos en el sobre y dormir, estábamos agotados, comimos algo y el sueño profundo nos envolvió rápidamente. A la mañana siguiente seguimos nuestro camino,
llevábamos pocas cosas y seguimos subiendo. Luego me enteraría que mi mochila era la más pesada de todas; la comida prevista para diez días para tres personas estaba en mis espalda. No era cuestión de ver quién tenía la mochila más pesada o más liviana, cada uno debía cumplir con su rol y así fue...”
“…me despedí abrazándolos y despacio fui desandando el camino montaña abajo, a poco rato dejé de verlos y sentí verdaderamente la sensación de la soledad más absoluta. Estaba solo en el medio de los Andes y tranquilamente caminando hacia el avión que aún no se veía. En algunos tramos me senté en un almohadón, puse otro en mis pies y empecé a deslizarme por la pendiente. De no haber sido por las circunstancias lo habría disfrutado, pero un ligero frío me corría por la espalda, no era miedo, era el paso siguiente, el estar jugado, regalado, donde cualquier cosa podía pasarme, estaba en la mía o por las mías…”

“…Pasaban los días y nada, uno tras otro, tras otro, hasta que una mañana estando Daniel Fernández jugando con el dial de la radio, la misma en que habíamos escuchado la noticia de que abandonaban nuestra búsqueda, y estando yo cerca de el, oigo una voz que me era familiar. En ese entonces
estudiaba abogacía y me levantaba a la siete de la mañana y escuchaba un noticiero de El Espectador, una radio de Montevideo. El relator, de tanto escucharlo, se me había hecho al oído. Al sentirlo le grito a Daniel que dejara ahí. Era el noticiero de las siete cuanto oímos que habían encontrado a dos uruguayos en la montaña. Desde ese momento supimos que estábamos salvados…”
“…el objetivo común que todos tuvimos fue lo que nos sacó adelante. Todos aportamos, lo poco o lo mucho que teníamos para dar, algunos dando mucho, hasta el bien más preciado que tenemos, nuestra vida. Cada uno, desde diferente posición, dio el 100% de lo que tenía para dar. Desde lo más simple pero vital para todos nosotros como producir agua (hubo quienes pasaron 72 días haciendo agua) hasta tareas más difíciles como encargarse de la comida, la limpieza y el secado del avión. Por su parte, los expedicionarios dieron todo de sí para encontrar un camino de salida. Hubo una planificación de las actividades, los líderes fueron naciendo en la medida de las necesidades y cada uno ocupó su lugar sin renunciamientos. Una estrategia liderada por nuestro capitán en los comienzos y por los primos Strauch a lo largo de casi dos meses, en donde no quedó decisión sin que pasara por sus manos pero sintiendo el grupo que la decisión era de todos. Y por último una ejecución llevada a cabo por los expedicionarios, que si bien tenían la última palabra en el campo partían de algo previamente establecido…”
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